¿Y EL BIENESTAR EMOCIONAL?

La inteligencia emocional, fuente inagotable de bienestar mental y físico

Podríamos afirmar que el ritmo de vida actual de gran parte de la sociedad es frenético. Cegados y a menudo sin ser conscientes, nos encontramos inmersos en el «hacer». Son ejemplo de esto las interminables jornadas laborales, la multitud de actividades y responsabilidades familiares y escolares, todos aquellos propósitos personales a menudo motivados por nuestro estricto ego, entre otros.

Y frente a esta avalancha, con la mirada continuamente hacia el exterior, ¿dónde se encuentra nuestro bienestar emocional? ¿Tenemos en cuenta el propio mundo interior?

La emoción es una respuesta compleja del organismo ante un suceso físico, mental, experiencial o cognitivo, por lo tanto, analizarla requiere percibir su complejidad. Será necesario acompañar su paso, observarlas y estar muy atentos a las posibles reacciones que provoquen, así como, sentirlas y detectarlas a tiempo.

Un aspecto relevante es el hecho de que las emociones no se pueden controlar, pero sí tenemos en nuestras manos la posibilidad de gestionarlas para darles a cada una el lugar que le corresponde. Y se puede conseguir a partir de la activación de nuestra inteligencia emocional (habilidad de identificar, comprender y regular las emociones propias y las de los demás) promoviendo acciones a nuestro favor y focalizando la mirada hacia el mundo interior, cuando las emociones se sienten observadas pueden llegar a transformarse. Y nos referimos a todas, sin distinciones, tanto las agradables como las desagradables, la inclusión es fundamental y necesaria la vez.

A menudo cuando nuestras emociones no son atendidas, se instalan en el cuerpo físico y posteriormente se somatizan, es decir, manifestamos los impulsos, las angustias o los conflictos psíquicos inconscientes mediante síntomas orgánicos o funcionales, en algunos casos, incluso, podemos llegar a enfermar. Si el estímulo de la emoción no es observado, es probable que nos volvamos presos de reacciones involuntarias, faltas de coherencia entre el sentir, el pensar y el actuar.

Es tranquilizador saber que las emociones son pasajeras, no podemos pretender que se queden con nosotros de forma indefinida, no somos capaces de mantener la alegría durante mucho tiempo, pero tampoco la tristeza. Por lo tanto, si conseguimos percibir esta impermanencia, seremos capaces de aceptar su paso, dándoles un lugar, de esta manera no nos dominarán, seremos nosotros quienes decidiremos el valor que le damos a su visita. «Somos una casa de huéspedes», título de un poema de Rumi sobre cómo podemos dar la bienvenida a todas las emociones y aceptarlas como enriquecedoras mensajeras.

Diferentes estudios han demostrado que una persona emocionalmente inteligente goza de una buena salud mental y un mejor rendimiento, y por ello se aplica tanto en el ámbito clínico y terapéutico como en el laboral, educativo o deportivo.

Destacamos algunos de sus beneficios:

  • El autoconocimiento nos permite mejorar nuestra autoestima y autoconfianza, consecuentemente nos ayuda a tomar conciencia de aquellos retos que podemos conseguir.
  • Tomamos mejores decisiones cuando conocemos los estímulos que desencadenan nuestras emociones.
  • La comprensión de nuestras emociones y las de los demás mejora las relaciones interpersonales.
  • Nos permite reducir el estrés.
  • Es un gran recurso para el crecimiento personal.

Para terminar, os comparto la siguiente práctica de reconocimiento emocional:

– Busca y regálate un rato de tu jornada diaria, pueden ser entre 5 y 10 minutos.

– Encuentra un lugar donde puedas estar tranquilo y adopta una postura muy cómoda y quieta.

– Cierra los ojos, presta atención a tu respiración y realiza 3 respiraciones lentas y profundas.

– Haz un escaneo corporal de todo el cuerpo, percibiendo las sensaciones físicas.

– Observa cómo te sientes y reconoce qué emociones aparecen.

– Intenta percibir en qué parte del cuerpo descansan las emociones y respira hondo.

– Observa atentamente el movimiento de la emoción.

– Termina realizando 3 respiraciones profundas y abre los ojos.

Tomar conciencia, la escucha activa y el sentir, en definitiva, enfoca la mirada hacia tu mundo interior.

Núria Olivé Marimon
Maestra de Primaria
Master en Pedagogía Sistémica y Educación Viva
Formación en Mindfulness y PNL
Formación en curso – Guía en Meditación – Programa MET